miércoles, 4 de mayo de 2011

Fünf

Cuando decimos que no podemos controlar los imponderables, siempre marco una pauta de diferenciación. No necesariamente vas a evitar la mala suerte, pero si es posible zurcarla con los dedos y la imaginación. Sería una especie de variación del: no hay mal que por bien no venga. Pero no es el sentido principal, o mejor dicho, no es la idea. Admito que encuentro una mayor facilidad en correr y evitar la molestia, pero de vez en cuando intento, para variar, buscarle la variante. Entonces me siento y empiezo a razonar, de lo contrario, no funciono. Y calculo, calculo, calculo. Viene a mi mente el principio de Heisenberg, para empezar. Después empiezo a creer que el modelo organicista-funcionalista es posible de aplicar si dejamos de lado la palabra "amputar". Como decía al principio, no podemos controlar los imponderables. Entonces, hagamos algo. Comparemos ésta situación con las situaciones habituales, una especie de metodo historico-comparativo (con el debido perdón de Weber). Y todo aquella que no encuentra punto en común, es la nueva variación que nos afecta. ¿Y ahora que sigue? Eso es mas complejo. No creo que existe una camino a seguir en particular, pero si algunas pautas. Ante todo, nunca desesperar, porque lo nuevo, asusta. Y en segundo lugar, tratar de exteriorizar nuestra vision del hecho. Si logramos lo primero, lo segundo debería caer por decantación.
Cuando me refería a que lo nuevo asusta, posiblemente me haya explayado en un modo confuso. Trataba de referirme a un temor asociado con la bronca, la desesperación y la falta de familiariedad con la situación. Y en este punto creo que es fundamental la ayuda externa. Ésta clase de hechos toca una fibra íntima en nosotros, por eso caen en ésta categoría. Un par de palmadas, un vaso de agua, o un rigor son suficientes.
Una vez que el primer paso ha sido realizado, pasamos a lo segundo. Aquí debemos, en principio, olvidarnos de quien somos. Dificil. Pero no imposible. El objetivo de ésta etapa no es otro que clarificar la situación para terminar de comprender el panorama.
El resto varía según la persona, y dependiendo la actitud y aptitud del interprete, puede dar vuelta el mundo y dominarlo, o dormir en el patio de su casa, resignado, vomitando de la impotencia.

Proximamente, el manual del estomago.

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